martes, 17 de mayo de 2016

Call Center: las nuevas modalidades de trabajo en "la fabrica de charla"

"(...) con los secretos para hacer un negocio tan pequeño
y simple como vos..."

Fragmento de la canción "Toxi-Taxi" de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Disco "La mosca y la sopa", 1991.


 Desde finales del S. XIX y comienzos del XX, se fueron produciendo cambios sustanciales en el mundo del trabajo, que trajeron como resultado, nuevas formas de desempeñarse en los procesos laborales. Esta nueva máscara capitalista para el mundo del trabajo, va a estar teñida con tintes de precarización de la mano de obra, el desplazamiento del obrero como sujeto activo de lucha y la pauperización de las masas. Un proceso siniestro que continúa hasta la actualidad y que algunos estudiosos sociales denominaron "La Gran Mutación". De allí las primera líneas que encabezan el presente artículo. Extraído de una estrofa musical para ilustrar el porque ya no serán las fábricas y los obreros el eje del Capitalismo moderno...sino tu mismo... aquí y ahora.




La crisis laboral.

Uno de los cambios que mencionamos, fue la descomposición del proceso de producción industrial y la cadena de montaje. El taylorismo y el fordismo, dos paradigmas que marcaron durante casi dos siglos una manera de hacer y pensar el trabajo,  lograron ganar la batalla al obrero quitándole su mejor arma: el saber del oficio. Esto dejó mutilado al trabajador, ya que la fragmentación del proceso de producción y la terciarización de los saberes técnicos, impacta directamente en su cuerpo, en su bolsillo y en su identidad como clase.
Poco a poco el trabajador fue perdiendo su capacidad de negociación y resistencia frente a las presiones de los dueños de la producción (la patronal). Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, "el siglo corto" de Hobsbawm terminaba, dando comienzo a una nueva etapa económica: el neoliberalismo. Una reorganización de los sistemas financieros de América Latina, acompañados por cierre de fábricas, flexibilización laboral, privatización de los servicios y vaciamiento del Estado. El anhelo de un trabajo estable se fue desmoronando y la burocratización sindical desamparó al trabajador, emergiendo a la vez nuevas formas de empleos y subempleos en donde las funciones a cumplir eran muy distintas a las de una fábrica.
 

De la escuela a la "fábrica de charla": la nueva modalidad laboral.

Por un lado, un nuevo contexto laboral está emergiendo, basado en la demanda de personas capacitadas para el desarrollo de tareas múltiples, cumplimiento de horarios más prolongados y largas jornadas laborales, rindiendo "lo mejor posible", como si fueran máquinas, para asegurarse el trabajo, y así postergar la vida por una función laboral.
Por otra parte, un mercado laboral donde crecen los empleos en el rubro servicios y comunicaciones, donde “las capacidades profesionales son capacidades extra-laborales reconvertidas al interior del trabajo mismo” (Virno, 2006: 146). Un cambio interesante si la comparamos con la producción fordista clásica donde hay “un saber-hacer profesional aprendido en la fábrica” (Virno, 2006: 146), con un producto final.
En una entrevista a Paolo Virno, este afirma que: “El capitalismo hace de aquella inestabilidad y fluidez que había sido subversiva algo propio del trabajo”. Es decir, cuando ya había sido internalizado el modelo escuela/trabajo que implicaba un alto grado de  disciplinamiento, monotonía, rutina, etc., así como se habían desarrollado distintas formas de resistencia y lucha que respondían a ese modelo, el capitalismo muta y los trabajadores de hoy sufren las consecuencias cual “Síndrome de Estocolmo”, la angustia que genera el nuevo esquema de movilidad laboral constante y formación permanente lleva a reclamar por la estabilidad que se había “naturalizado” como lo deseable. En tanto que las formas tradicionales de lucha y resistencia basadas en la sindicalización y organización obrera ya no resultan pertinentes en un contexto de desempleo e inestabilidad laboral creciente.
Por ello, no es casualidad que los Call center, estén predominando como una de las opciones más buscadas tanto para la inserción laboral, como para la venta de productos y servicios de manera telefónica. Un espacio de trabajo en el que muchos jóvenes inician su “bautismo de fuego” en el mundo del trabajo, bajo condiciones precarias: mal pagados, mal tratados, con ausencia de asesoramiento, desprotección legal y falta de herramientas para su reclamo.    
En un contexto de inestabilidad laboral, ausencia de puestos de trabajo y necesidad económica, el ingreso a un Call center es visto como una alternativa válida, irremediable y hasta inevitable para poder subsistir. Aquí se ponen en juego las formaciones y deformaciones de las instituciones de encierro y disciplinarias, para un sujeto que culmina su trayecto escolar y no encuentra vínculos entre los contenidos curriculares aprendidos y su vida después de la escuela. 






Dime quien llama y te diré quien atiende: identidad y conflicto laboral.

Durante la modernidad, el trabajo tuvo un rol importante en la formación  personal de los sujetos y en el rol social. El trabajo (profesional o de oficio) otorgaba una identidad que se complementaba con el ideario de progreso y proyecto de vida. La precariedad de estos nuevos espacios laborales de trabajo –y que tienen a los jóvenes bajo la mira de su negocio- otorga una nueva realidad al interior de estos espacios.
Nos referimos a un espacio en donde los conflictos laborales (salariales, previsionales) no son de larga duración, siendo corridos o desviados hacia otros lugares en donde no juega la lógica laboral (empleado – patrón). La rotación, fuga o éxodo de empleados que se da en los call centers, no permite adquirir una memoria de los hechos y de situaciones que permita definir esa identidad del “yo, empleado”, el de un “nosotros” por medio del compañerismo, conectados con la misma realidad social. Cada empleado es ahora un “profesional”, tanto dentro como fuera de la empresa. Una etiqueta que concede una función específica e interdependiente; individualizando a cada sujeto, vaciándolo de contenido, al mismo tiempo que le otorga competitividad entre sus pares.
La suspensión de la producción, la huelga y la tomas de fábricas fueron desde siempre los recursos y estrategias con las que contaba un obrero, para hacer escuchar y presionar con sus demandas a los patrones/empresarios. En los Call Center, por tratarse de personas que  manejan instrumentos informáticos y aplicaciones virtuales desde un ordenador, la no tangibilidad de las herramientas de trabajo, lleva al vacío los posibles conflictos y presiones que los empleados pudiesen ocasionar. La huelga se ve menguada por la deslocalización del servicio telefónico y la total nulidad de las herramientas de trabajo; sin dejar de mencionar obvio, el uso de la fuerza policial, la agresión verbal, el acoso psicológico y el desvinculamiento total de la empresa.   

Peloche Pablo T.

Bibliografía
Pablo Virno: ¿Quien habla? Lucha contra la esclavitud del alma en los call centers, Tinta Limón, Buenos Aires, 2006. 
 

  Dibujo portada de Julio Derbez

jueves, 10 de marzo de 2016

“Los restos del Patíbulo en Argentina”




La pena de muerte o pena capital, entendida esta como sanción jurídica que quita la vida a un condenado mediante procedimientos y órganos de ejecución, felizmente no se aplica en la mayoría de los países de América Latina. Digo “felizmente”, porque de ser lo contrario, –y teniendo en cuenta la dependencia de las políticas económicas con la banca internacional- la pena de muerte se aplicaría a la clase trabajadora, a los pobres y débiles.

Con respecto a la Argentina, la pena de muerte fue abolida por la Asamblea del año XIII en 1813, pero nuevamente aplicada bajo la el Gobierno dictatorial Pedro E. Aramburu en 1956 y en los regímenes de facto entre 1976 y 1983 bajo fusilamientos y desaparición sistemática de personas, impulsadas por el Estado. Esa es la esencia del terrorismo de estado: reprimir violenta y clandestinamente a la sociedad civil*. Finalmente la abolición del Código de Justicia Militar en el año 2008 por el Congreso de la Nación, barrió el último remanente de aplicación posible a pena de muerte en todo el país.

No obstante, y a pesar de ello, existe en nuestro inconsciente colectivo una herencia mental, fruto de esa “degeneración” del Estado nacional. Un legado con origen al “paredón de los culpables”; una aceptación o justificación al derecho de matar bajo ciertas circunstancias que – si bien no está contemplado legalmente- es considerado como hecho legítimo, de aprobación ciudadana y consuetudinaria. ¿Qué es lo que lleva a la sociedad a aprobar la muerte de un sujeto o colectivo, en un país que ya no la aplica judicialmente?
   
Quizás la forma más conocida de “matar” es aquella en relación a la propia defensa, ya sea de los bienes, la riqueza o la propia vida. Esa sensación de fragilidad e inseguridad que tanto se pregona en los medios de comunicación lleva a crear una particular cultura de la violencia, la construcción subjetiva y colectiva de un sujeto peligroso y la advertencia de matar para defender lo “mío”. Otras formas de construcción en torno a la protección es la que se expresa en el plano colectivo. Sucede cuando un grupo de personas acciona el linchamiento o captura de un delincuente. Recordemos el notorio caso de José Luis Díaz, el joven linchado por un grupo de vecinos del barrio cordobés Quebrada de las Rosas, por un presunto intento de robo a mediados del año 2015. Lo mismo sucedió en Rosario –Santa Fe- La Rioja, Buenos Aires y en Tucumán en donde el rematado fue un menor de 13 años.

Quiérase o no es pena de muerte, solo que sin pasar por un proceso judicial y sin un verdugo que lo ejecute. Solo que la acción es escondida en la actuación colectiva, consentida por los medios de comunicación y aplaudida por aquellos sectores sociales más acomodados. Pero aquí queda al descubierto la verdadera cara del verdugo; un verdugo social que baja el pulgar al mejor estilo imperator in coliseum. Bajo el disfraz de la seguridad y la máscara de la justicia caen aquellos cuerpos marcados por la inquisición social, los que son marginados por un sistema edénico que niega sus manzanas.  
      
La rotulación de “justicia por mano propia” mencionada tantas veces por los medios de comunicación lleva a considerar y asumir los hechos como actos justificados. Pero ya sea la pérdida de un familiar directo, amigo, conocido o cualquier víctima de un hecho de violencia y/o delincuencia; es el Estado el que debería asumir la responsabilidad del castigo sujeto a leyes penales y no dejarlo en manos del ciudadano particulares. Insisto estos asesinatos no sólo son apoyados por las clases acomodadas, sino también por los pobres o menos privilegiados, quienes son las principales víctimas de la exclusión. 

Podemos estar de acuerdo que nuestra época se destaca por la acumulación de conocimientos técnicos e informáticos, el dominio físico sobre el medio ambiente y el poderío económico. No obstante nuestra mentalidad cultural en muchos aspectos ha sufrido un retroceso –o en todo caso nunca superó- el desafío de vivir en comunidad, sin necesidad de comernos los unos con otros. El hombre es lobo del hombre, decía Thomas Hobbes… y cuanta verdad.         


* Para un mejor lectura sobre terrorismo de estado: “El Estado Terrorista Argentino” del autor E. L. Duhalde, Ediciones Colihue.

PELOCHE PABLO T.
Profesor de Historia.

viernes, 5 de febrero de 2016

"Panópticos en Córdoba: la nueva prótesis social"





En la Córdoba de los últimos 20 años, “la gran mutación” que desplegó el neoliberalismo, consistió en convertir la propiedad pública en privada; a las organizaciones colectivas en individuos aislados y en la gestión de una arquitectura carcelaria que garantizara el control de los desplazados.

 A lo largo de la gestión De La Sota- Schiaretti (1999-2015), la política social se fusionó con el negocio inmobiliario representado por el Sr. Bugleotti, consistiendo en la construcción de complejos barriales en las afueras de la gran ciudad: las Ciudades Barrios. Con  trazado urbano basado en dispensarios médicos, posta policial, escuelas, plazas, servicios de agua, gas y luz, pero con grandes dificultades en el sistema público de transporte. Lejos de responder a las demandas sociales por carencias habitacionales; el único fin –a largo plazo- fue “desocupar”, “liberar” terrenos ocupados dentro del ejido municipal cordobés, para la construcción de nuevos complejos edilicios y urbanizaciones privadas dirigidas a segmentos con altos ingresos.

Esto implico el éxodo forzado de un montón de familias, la pérdida de su identidad local, el aumento de la polarización social, una tendencia a la “ghettización” de los grupos sociales; sin dejar de mencionar la represión policial de quienes se resistían a mudarse, ante la mirada cómplice de los medios de información local. Es innegable que la criminalización de la pobreza se complementa con este proceso de alejamiento y encerramiento de los pobres.

Estos cambios profundos que trajeron consigo la segregación urbana, como factor constitutivo de la de la diferenciación social en el colectivo urbano, ponen de manifiesto –a mí entender- la dinámica de los cambios sociales y de esas nuevas formas de procedimiento sobre la vida de las personas: el encierro. Así como Foucault consideró la creación de instituciones como el hospital psiquiátrico o la prisión y su lógica funcional; los nuevos barrios sociales responderían a un mismo dispositivo de control, concentración y encierro.Una urbanización hacia afuera, creando poblaciones cerradas social y económicamente, distanciadas entre sí y con acceso restringido a la ciudad.

Aún se puede descargar –con algunos errores espaciales de impresión- el “Informe N°2. Sistematización de datos para el diseño y evaluación de políticas públicas. Las Ciudades Barrios”. Un informe que publico el Gobierno de la Provincia de Córdoba a través de la Dirección de Hábitat Social – Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Córdoba- SIEMPRO – SISFAM: Relevamiento de hogares de Beneficiarios de Programas Sociales Nacionales en Córdoba Capital 2005/2006. En dicho informe se relevan datos sociodemográficos y la ubicación espacial de las 14 ciudades barrios que configuran en el mapa urbano de la Ciudad. Si bien el informe es extenso,algunos datos son interesantes mencionar como que se trata de una cantidad de 6000 viviendas en donde residen unas 28.000 personas, el 30 % tiene trabajo fijo mientras que alrededor de un 60% trabaja de manera precaria o realizando Changas. Así mismo menciona que solo el 26% de la población mayor de 16 años cuenta con estudios primarios completos mientras que un 38% completa el ciclo primario sin acceder al nivel y los que acceden a él, solo el 23% no lo culmina. Otro dato interesante:entre el 85% y el 92% de la población no posee cobertura médica de salud.

Un informe que contiene este tipo de información “…constituye un factor clave para evaluar (…) y diseñar las políticas públicas pertinentes” (pag. 3). Un diseño metodológico basado en una lógica cuantitativa y que Martin Heidegger menciona como “el despliegue vertiginoso de la técnica como condición del quehacer humano”. Esa pérdida de la voluntad y la capacidad del Estado provincial de pensar y proyectar la ciudad en términos integradores, como una nueva forma de administrar los cuerpos, ejemplifica esa ruptura con respecto a la sociedad moderna  y su relato unificador de las acciones humanas. Verdad y utilidad, sentido y provecho, razón y cálculo integran esa concepción instrumental que deja el lado la particularidad de cada individuo como sujeto de derecho, vaciándolo de contenido y convirtiéndolo en un número para la estadística. El capital viene abriéndose caminos sin pedir permiso, desalojando familias enteras, poniendo canchas de golf para la zona residencial de Valles del Cerro, sobre terrenos de la ex villa La pequeña; o un centro comercial sobre territorio ocupado por Villa La Maternidad (aun hoy en pie de lucha contra el desalojo). Sin dejar de mencionar la contaminación del Glifosato que sufren los vecinos de B° Ampliación Ferreyra (Camino a Río II) por las fumigaciones que realizan en los terrenos colindantes.

Ese es el efecto panóptico a la cordobesa: una estructura urbana que agrupa, ordena, desplaza y controla a una población; a la vez que se erige como guardián carcelero para  diferenciar y custodiar a todos los “prisionero-ciudadanos”  recluidos en sus “celda-casas”, sin que estos den cuenta de su situación. Una estructura que condiciona los cuerpos y su mente, garantizando el control y el poder de manera efectiva sobre estos, sin saber cuándo y cómo los vigila. ¡Salud querido Bentham!*    


Peloche Pablo T.

Imagen: Foto de Silvana Miyashiki.

* Jeremy Bentham (1748-1832) filósofo, economista y escritor inglés, considerado padre del Utilitarismo.



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